El Aeropuerto de Burgos es una localización única por una razón clave: es un aeropuerto sin tráfico aéreo comercial, lo que abre posibilidades que en otros aeropuertos resultan imposibles por operativa y seguridad. Sus pistas despejadas, los amplios márgenes de rodadura y los hangares de estética industrial permiten recrear desde escenas de acción hasta rodajes con aeronaves, convoyes, dispositivos policiales o secuencias de espionaje con total libertad y sin interferencias.
El antiguo edificio terminal conserva una arquitectura muy cinematográfica. Sumado a las infraestructuras de la escuela de pilotos, que aporta equipamiento, pequeños aviones y zonas de formación, se convierte en un enclave excepcional para narrativas contemporáneas, thriller, drama, publicidad o proyectos con ambientación internacional.