En pleno Camino de Santiago, a las afueras de Castrojeriz, se alzan las impresionantes ruinas góticas del Convento de San Antón, un lugar donde el tiempo parece suspendido. Entre sus muros derruidos y sus arcos apuntados, una carretera serpentea directamente bajo los restos del antiguo monasterio, creando una imagen sobrecogedora, casi irreal, perfecta para la cámara. La combinación de piedra, luz y movimiento convierte este enclave en una localización cinematográfica única, ideal para historias que busquen una atmósfera poética, misteriosa o cargada de simbolismo.