Tras la tumba burgalesa de Sergio Leone: «‘El bueno, el feo y el malo’ siempre será un clásico inmortal»

Visitamos en los alrededores de Silos las localizaciones de la película más emblemática del ‘spaghetti western’ justo cuando se cumplen 60 años de su rodaje

Es el único cementerio del mundo donde se pueden depositar flores en tu propia tumba: un túmulo de tierra coronado con dos estacas de madera en forma de cruz. Durante un tiempo era incluso posible apadrinar con tu nombre una de estas sepulturas por 15 euros, pero fueron tantas las solicitudes recibidas desde todos los puntos del planeta que los organizadores de la iniciativa tuvieron que echar marcha atrás por falta de medios.

Que este camposanto fake sea venerado no lo hace invulnerable. Tanto las inclemencias atmosféricas como los ladrones de tumbas amenazan de vez en cuando su paz. La presa más codiciada por los fans sin escrúpulos es, sin duda, la cruz que lleva la firma de Metallica, grupo que se ha declarado fan de esta iniciativa forense y que abre sus conciertos tocando The Ecstasy of Gold, el tema de Ennio Morricone que nació originariamente para sonar en este paraje burgalés.

Porque aquí, en el Valle de Mirandilla, entre los pueblos de Contreras y Santo Domingo de Silos, fue levantado el cementerio en el que se rodó la secuencia cumbre de El bueno, el feo y el malo, el legendario wéstern de Leone.

En el 60º aniversario de la mejor película de la Historia, según el respetable juicio de Quentin Tarantino, recorremos sus principales localizaciones con dos de las personas que más la aman para descubrir los secretos de un rodaje que un grupo de cinéfilos está rescatando desde hace años como lugar de peregrinación para dar un impulso a la comarca.

Un rescate primero del olvido y, luego, del progreso anárquico de la Naturaleza. Al poco de acabar el rodaje, en 1966, el cementerio de Sad Hill fue desapareciendo con el paso de los inviernos. La madera de las 5.000 cruces originales del decorado fue reciclada como leña por los labriegos de la zona. El resto lo hicieron los matorrales en su crecimiento desordenado. Tan sólo quedó rastro del círculo diseñado por Leone para el duelo triangular del cementerio entre Clint Eastwood (el bueno), Eli Wallach (el feo) y Lee Van Cleef (el malo).

En homenaje a la película, hagamos las presentaciones al modo Leone, como corresponde, de nuestros guías. Plano extremo de los ojos de Sergio García en contraste con amplios planos generales en el cementerio en el que se ve al pistolero ataviado con su poncho y un sombrero de cowboy. Se vislumbra un paisaje mucho más verde que en la película, pero nada tiene que ver con las lluvias caídas durante el año en el color, sino que fue una medida de Leone durante el tratamiento del celuloide, al que le dio un tono más amarillento en el proceso químico para dar una apariencia más mexicana. Lo único diferente que se ve en el encuadre es la curva pelada de una colina. La causa de este fallo de racord se debe a un terrible incendio sufrido que se llevó por delante a cientos de hermosos enebros y sabinas hace casi un lustro.

García, geólogo y natural de Aranda de Duero, es uno de los artífices de la asociación cultural El cementerio de Sad Hill, que este año ha preparado numerosos actos de celebración relacionados con la película. Este vaquero también forma parte de la Burgos Film Commision, un organismo que busca captar producción audiovisual y desarrollar el conocido como turismo de pantalla en esta parte de Castilla.

«Las localizaciones de El señor de los anillos, de la saga de Harry Potter y de exitosas series se han convertido en destinos turísticos», subraya García. «Eso está muy bien, me gusta que en España se visite donde se rodaron, por ejemplo, Juego de tronos y Ocho apellidos vascos, pero te digo una cosa: en 50 años lo más probable es que estas series y películas hayan sido olvidadas, mientras que El bueno, el feo y el malo seguirá siendo un clásico inmortal».

Sergio García, miembro de Burgos Film Comission, con poncho y sombrero de 'cowboy'.
Sergio García, miembro de Burgos Film Comission, con poncho y sombrero de ‘cowboy’.

Enfrente de García está Domingo Contreras. Septuagenario de tez rojiza por el sol y uniforme de confederado. Él sí que tiene un primer plano de verdad rodado por Sergio Leone. Sale en la película tocando la armónica.

Contreras es generoso, trae una bota de vino con un muy buen clarete y algo de chorizo, pero tiene algo de prisa. «En un rato doy una misa a unas monjas de un pueblo de al lado», dice. Aunque este sacerdote está jubilado, no ha abandonado sus labores espirituales, necesarias por estos lares debido a la falta de vocaciones.

Por su pequeño papel, los italianos le pagaron 2.000 pesetas, que en 1966 era una cantidad muy respetable para un joven seminarista. «El dinero me duró todo el verano y me dio para comprarme una enciclopedia Espasa-Calpe», cuenta Domingo.

Hasta hace bien poco sólo los cinéfilos más adictos a Leone sabían que El bueno, el feo y el malo había sido rodada en estos pueblos de Burgos. Es cierto que algunos exteriores se hicieron en Almería, destino habitual del spaghetti western, pero Castilla asumió las localizaciones más emblemáticas del metraje. Una prueba más de la diversidad del paisaje español, ideal para rodar cualquier historia de un buen wéstern. «Burgos es como Virginia y Almería, como Arizona», resumió Sergio Leone en una ocasión para hablar de la españolización de EEUU en una película.

¿Qué sedujo tanto al director italiano de esta pequeña comarca? Esta pregunta tiene dos respuestas, ambas correctas. La primera es corta y la segunda, larga.

La primera es que, según García, este milagro fue posible gracias a Espartaco Santoni y Marujita Díaz, entonces pareja. El playboy venezolano aspiraba a la gloria cinematográfica, mientras que la estrella del cine patrio, una película barata para producir a su galán.

«Los españoles quisimos emular El Cid, que acababa de rodarse, con la historia de Fernán González, el otro gran héroe de Castilla, pero protagonizada por Santoni en lugar de Charlton Heston. Se tituló El valle de las espadas y se rodó aquí mismo», explica García.

Un productor español recomendó a Leone la localización de la gran batalla de El valle de las espadas (1963). Le gustó tanto el paisaje que lo convirtió en el campo de prisioneros de Betterville en El bueno, el feo y el malo. El decorado, proyectado por el escenógrafo Carlo Simi, lo componía un imponente fuerte con fosos, empalizadas y edificaciones.

De Betterville no quedaba nada salvo el foso. Una reconstrucción parcial hecha con mimo recuerda su antiguo esplendor. «En esta primera fase, se han reconstruido la pasarela de madera y la empalizada», señala García. «Más adelante, iremos contemplando la instalación de dos torres, por lo menos».

En el Betterville castellano es donde aparece Contreras actuando como miembro de una banda sudista demacrada. «Buscaban a alguien que supiera algo de música y colgaron un cartel en mi pueblo», recuerda Domingo. «Nos apuntamos varios y a uno le echaron para atrás por gordo, decían que en un campo de concentración no podía salir nadie entrado en carnes».

Domingo Contreras, sacerdote jubilado, con uniforme de confederado y armónica.
Domingo Contreras, sacerdote jubilado, con uniforme de confederado y armónica.

El cura Contreras ha visto la película decenas de veces. Desde la asociación El cementerio Sad Hill aseguran que esta reivindicación ha hecho que muchos de los que participaron en el rodaje se sientan muy orgullosos, cuando en su momento no le dieron importancia y no fueron conscientes de su valor cinematográfico. «Estando de misiones en Ecuador no se creían que yo hubiera salido en una película de Sergio Leone», cuenta entre risas Contreras. «Cuando se la puse en vídeo, resulta que hubo un gran terremoto, así que cada vez que decía que teníamos que ponerla de nuevo, todos me decían: ‘¡No, no…! ‘. Como si trajera mala suerte».

Al cementerio y al campo de prisioneros se puede acceder de forma gratuita. Esta libertad dificulta las estimaciones de visitantes. «Calculo que al año vendrán unas 50.000 personas, casi todas en primavera y verano, porque aquí el invierno es duro», dice García, que defiende el otoño como mejor época «por el cambio de hoja».

La tercera localización de la ruta es el Monasterio de San Pedro de Arlanza, ubicado en el término municipal de Hortigüela, y cuyo cuentakilómetros comenzó en el año 912 siendo un referente político y espiritual de la Castilla medieval. Se encuentra en ruinas y está siendo rehabilitado.

Leone lo eligió para rodar el interior de la Misión de San Antonio, que en la película hace de edificio religioso convertido en hospital militar. «Lo curioso es que la entrada de los personajes se rodó en Almería, en el Cortijo del Fraile de Níjar», desvela García. «En la escena en la que Eastwood está en la cama se distingue por la ventana de la Ermita de San Pelayo».

La última estación de la visita está en un entorno silvestre, que «parece el Amazonas». La maleza lo hace prácticamente indistinguible para un forastero, pero un cartel da pistas. En este punto junto al río se rodó la escena más cara de la película: la Batalla del Puente de Langstone. Para ello se construyó un puente de madera a unos 3,5 kilómetros de Hortigüela, con el fin de volarlo. El problema es que su voladora se hizo tres veces.

La primera explosión resultó ser un fiasco por su falta de espectacularidad. La segunda más bien pudo haber sido una escena sacada de El guateque de Peter Sellers: el encargado de detonar la dinamita, un coronel del ejército español que había colaborado coordinando a todos los extras, se equivocó al interpretar la orden italiana. La explosión se produjo antes de que la cámara empezara a rodar. Fue tal la vergüenza que el Ejército, con los extras sacados del cuartel de Burgos donde hacían la mili y un cuerpo de zapadores, reconstruyó de nuevo el puente en un tiempo récord.

Entrada del campamento de prisioneros de Betterville.
Entrada del campamento de prisioneros de Betterville.

La tercera, la que se ve en la película, fue tan brutal que casi acaba en tragedia por la caída de cascotes. Sin embargo, a nivel cinematográfico resultó gloriosa.

Para los actos del 60º aniversario de El bueno, el feo y el malo, que incluyen seminarios y una proyección muy especial de la película, se está tramitando un saludo a través de vídeo de Clint Eastwood, de 96 años, para estos fans de una película tan especial. El director de Sin perdón es el único protagonista vivo de aquel rodaje en el que los americanos dormían en Covarrubias y en el hotel Landa de Burgos.

Orson Welles, al morir, quiso que sus cenizas fueran depositadas en un pozo seco de la finca del torero Antonio Ordóñez, en Ronda. Desconocemos si Eastwood sorprenderá en su testamento con una cláusula que lleve sus restos al cementerio de Sad Hill, en la provincia de Burgos. A Leone, muerto en 1989, eso le habría hecho gracia y es probable que le hubiera recordado a su actor esa frase del guión que pronunciaba su personaje y que Tarantino habría matado por incluir en una de sus cintas: «El mundo se divide en dos categorías: los que tienen el revólver cargado y los que cavan. Tú cavas»

fuente: EL MUNDO

Jorge BenítezTexto

Paulino Oribe / Araba PressFotografías Antr

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